Hay caminos que se recuerdan por sus monumentos. Otros por sus paisajes. Pero algunos se quedan en la memoria por sus sabores. El Camino de la Frontera es uno de ellos.
A lo largo de sus más de 300 kilómetros, esta ruta une Cádiz, Sevilla y Extremadura, siguiendo antiguos caminos medievales. Pero también atraviesa comarcas donde la tierra y el clima han dado forma a una cultura gastronómica riquísima.
Caminar es una forma de conocer un lugar. Pero sentarse a la mesa después completa el viaje. En el Camino de la Frontera el paisaje cambia constantemente. Sierras, campiñas, dehesas... Y con cada paisaje cambia también la mesa.
Vino, aceite, dulces, quesos, embutidos
En algunos lugares será el aceite, en otros los dulces, los quesos o los embutidos. Y allí donde el vino ha formado parte de la historia local, merece la pena detenerse y entender cómo ha acompañado la vida de cada pueblo.
Cuando llegas a la Sierra Norte de Sevilla, por ejemplo, el paisaje vuelve a transformarse, y con él aparecen pueblos con una personalidad muy marcada y una larga tradición ligada a la vid. Después de atravesar Andalucía, el camino se adentra en Extremadura y enlaza con la Vía de la Plata.
Es también una forma de acercarse a tierras donde el vino vuelve a tener un papel protagonista, recordándonos que los caminos no solo servían para viajar, sino también para intercambiar productos, costumbres y maneras de entender la vida.
Vinos y Bodegas en el Camino de la Frontera
Quizá esa sea la gracia del Camino de la Frontera: que no es solo una ruta para caminar, sino una invitación a descubrir historias, pueblos y sabores. Si estás pensando en recorrer esta ruta, en caminodelafrontera.es puedes encontrar todas las etapas, conocer las localidades y el patrimonio que lo forman.
Estepa cuenta actualmente con Bodegas Machuca y Bodegas Blanco El Bodegón, ambas con posibilidad de degustación y visita.
Cazalla tiene una historia vitivinícola muy importante: su producción agraria ya era vitivinícola en la Baja Edad Media y durante el siglo XVI el negocio del vino tuvo una gran importancia económica.
Actualmente existen proyectos como Bodegas Tierra Savia, que elabora vinos naturales y mantiene viñedos en la Sierra Morena sevillana, y Colonias de Galeón, también vinculada a los viñedos de Cazalla de la Sierra. Además, Tierra Savia está situada entre Cazalla de la Sierra y Alanís
Además, Cazalla conserva una tradición histórica relacionada con el vino que desembocó en la producción de aguardientes y en el famoso anís de Cazalla.
En Alanís existe actualmente Bodega Solana de la Bernarda, una bodega de vinos de autor que cultiva sus propios viñedos y ofrece incluso visitas al viñedo y a la bodega. La propia bodega sitúa su proyecto en el entorno de Alanís y habla expresamente de la tradición vitivinícola de la Sierra Morena sevillana.
En Usagre encontramos Bodegas La Pelina, una bodega familiar con tradición desde 1881 y viñedos propios en la comarca de Matanegra.
Los Santos de Maimona está muy vinculado a la Tierra de Barros y actualmente cuenta con varias bodegas, entre ellas Bodega Obando, Bodegas Dolores Morenas, Vitilosa y la Sociedad Cooperativa Virgen de la Estrella.
Además, la cooperativa cuenta con unas 2.200 hectáreas de viñedos, según documentación de la Asociación Apolo y Baco.
Y si además quieres profundizar en la historia y el sentido de esta ruta, el libro "Camino de la Frontera" es un magnífico compañero de viaje.
Porque algunos caminos no solo se recorren andando. También se descubren conversando, saboreando y brindando.


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